LA VOZ EN LAS ARTES ESCÉNICAS
Mi nombre es Merche Corisco, cantante, compositora, pedagoga musical, profesora de canto, vocal coach, o lo que es lo mismo, acompaño a cantantes en sus procesos psico-emocionales.
Me entusiasma el poder trabajar con personas que comienzan a dar sus primeros pasitos en el canto, o que quieren dar el salto y se sienten preparados para las artes escénicas.
Mi formación en técnica vocal, además de haber estado con profesores como Robert Shantal, Sheila Cuffy, Edit Salazar, estuve también en la Escuela creativa de Madrid, conservatorio de Manuel Machado. Todos me enseñaron a comprender mejor todo lo que implica el aparato fonador y despertaron mi entusiasmo por la complejidad que implica el sentirse cantante.
Mis comienzos fueron duros, porque a pesar de que cantaba desde muy pequeña, mi voz fue perdiendo facultades, bajo la presión de las discográficas, mi antiguo manager y productor que no sabía realmente dirigir a un cantante en esa situación de frustración.
A partir de ahí, empieza realmente mi trayectoria como cantante. El afrontar todas las adversidades que esta profesión tiene, y mi labor en la investigación de la psicología del canto.
Toda forma de expresión para mi, es un arte.
Toda automatización de los procesos que forman parte de la expresividad, son una cualidad única en cada unos de nosotros, íntimamente relacionados con nuestra forma de percibir el mundo y de cómo lo procesamos.
Todo el mundo tiene un artista en su interior. Pero que significa ser artista?
En mi opinión, un artista es el que aporta, el que inspira, promueve, provoca con su valentía y confianza en sus posibilidades, y no estén condicionadas, ni relacionadas directamente con la controversia que esto puede suponer. Estar por encima del qué dirán, es tener el valor y la confianza de poder ser autentico en el ámbito en el que te desenvuelvas. Pero normalmente seguimos un patrón de conducta ligado al querer obtener un respuesta determinada del entorno, el aplauso.
Durante todos estos años dedicados a la música, por supuesto que he sentido el síndrome del impostor, sobre todo cuando he querido hacer llegar un mensaje de manera premeditada, a un publico determinado. El arte, con esta visión comercial, no lleva al éxito, incluso cuando has logrado conseguir los resultados económicos que se deseaban. Por el contrario, el crear, expresar sentimientos y emociones sin más, sin saber si hay alguien ahí fuera que vaya a escucharte, puede generar nuevos caminos que te aportan nuevas vías de conexión, siendo un trabajo, mucho mas introspectivo y conectado con lo que somos. Es así como el lenguaje no implícito, mágicamente se convierte en la esencia del mensaje.
La estética, marketin, y todo lo referente a poder ubicar tu proyecto, son elementos que se adaptan a un contexto cultural, y a todo lo que concierne lo contemporáneo. Pero realmente, su repercusión no depende solo de una imagen estética, o corporativa, si no de las connotaciones persistentes ligadas a la personalidad y al inconsciente colectivo.
Hay artistas no tan contemporáneos, que obtuvieron después de años el reconocimiento, o incluso después de morir. Con esto quiero decir, que el ser humano, tarda en procesar nuevos planteamientos o nuevas formas de sentir y entender el mundo que nos rodea. Por ello, no creo que el arte tenga que ser de usar y tirar, algo que solo se consume durante un tiempo, si no que tiene que tener relevancia en la vida de las personas, e insertarse en un modelo de vida.
Con respecto a la Voz, hay algo que nos concierne a todos. La comunicación.
Cuando contamos un chiste, exponemos un trabajo, expresamos una opinión, un sentimiento, vocalmente hablando utilizamos las mismos elementos que se utilizan en el canto, ritmo, entonación, acento, silencios. De manera inconsciente, nuestra voz se adapta a un contexto, un lugar, un ambiente, a través de nuestra percepción sensitiva.
Esto a la hora del acto de cantar, se ponen en marcha tantos mecanismos, que el que realmente tenga la necesidad de cantar, necesita esa paciencia y resiliencia para ver como lentamente todos estos mecanismos se adaptan y se regulan hasta conseguir la voz autentica, la que está conectada con tu ser, la que hace que resuene todo tu cuerpo y vibre en sintonía.
Se puede entender el canto como algo que sale de ti pero no conlleva ningún tipo de esfuerzo. Solo tiempo, para dejar que estos automatismos procedan por si solos.
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